s谩bado, 28 de marzo de 2026

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"Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros, desobedec铆 y se salvaron 100 personas"


El relato un h茅roe de Malvinas que desobedeci贸 贸rdenes para salvar a sus compa帽eros y carga a煤n con las cicatrices de aquella noche en la Monta帽a Dos Hermanas.


JUAN ANTONIO BARROSO CABO REGIMIENTO DE INFANTERIA 6


Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"


Las horas que transcurrieron entre la noche del 11 de junio y la madrugada del 12 de junio de 1982 fueron eternas para Juan Antonio Barroso, sanrafaelino, cabo del Regimiento de Infanter铆a 6 (con asiento en Mercedes, Buenos Aires) y protagonista de uno de los momentos m谩s duros de la Guerra de Malvinas: la Batalla de la Monta帽a Dos Hermanas (norte), un combate decisivo contra las tropas brit谩nicas.

A casi 44 a帽os de aquellos d铆as, Barroso -hoy con 66 a帽os- vuelve a repasar cada instante de la que 茅l define como “la noche m谩s brava”.



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
Gentileza

“Yo era un cabo, ten铆a 21 a帽os. Hab铆a un subteniente que no era de mi regimiento y me dijo: ‘V谩monos’. Yo le respond铆 que no me iba a ir a ning煤n lado. ‘V谩monos, ac谩 nos van a matar’, me dijo. Y le dije: ‘Si vos quer茅s irte, andate. Yo vine a pelear y voy a pelear. No me voy a ir as铆 nom谩s’”, rememora Barroso, con la voz firme, aunque cargada de memoria.

Mientras esperaba la orden para tirar con el mortero -aquella arma que se apoya en el suelo, se orienta manualmente y dispara proyectiles curvos-, la tensi贸n crec铆a. El subteniente insist铆a en retirarse, pero Barroso no acataba esa orden de quien no era su jefe directo (jefe de secci贸n Mortero 81 mm) . El detalle es que, cuando la orden desde su jefe directo lleg贸, tampoco fue la que el sanrafaelino esperaba. Porque tambi茅n le orden贸 abandonar la posici贸n.

“Me paso su orden por...”: la desobediencia que le salv贸 la vida a m谩s de cien compa帽eros

En el clima ensordecedor, con las r谩fagas brit谩nicas cruzando la monta帽a y los gritos de los soldados argentinos, su jefe de secci贸n se acerc贸 y le repiti贸 la orden de abandonar el puesto.



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
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“Me dijo: ‘¿Vamos?’. Y yo le contest茅: ‘¿A d贸nde vamos, a tirar?’. Mi superior me dijo: ‘No, a la compa帽铆a. Usted s谩lvese, los dem谩s se van a salvar’. Ah铆 me saqu茅 y le dije textualmente: 'Me paso su orden por las pelotas'”, afirma Barroso.

Esa discusi贸n, en medio del combate, incluy贸 incluso un gesto por dem谩s simb贸lico.

“Le di una cachetada en las medallas que ten铆a colgadas”, recuerda. Y agrega: “Le dije que era un traidor”.

Cuando finalmente otro jefe autoriz贸 a Barroso a abrir fuego, 茅l y cuatro soldados m谩s comenzaron a disparar sin pausa desde las piedras de la Monta帽a Dos Hermanas (norte)..



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
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“No te puedo explicar los chicotazos en los brazos cada vez que disparaba el mortero. Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara, pero desobedec铆 y gracias a eso pudieron replegarse m谩s de 100 compa帽eros de la monta帽a”, cuenta, y agrega: “Todav铆a recuerdo c贸mo las balas pegaban arriba de las piedras y ca铆an al lado nuestro”.



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Gentileza

En un momento, hubo un impasse en el ataque enemigo. Uno de sus compa帽eros se subi贸 a una piedra para ver el movimiento brit谩nico y le rog贸 que dejara de tirar.

Pero Barroso ten铆a una idea fija: resistir hasta que todos los dem谩s lograran escapar.

“Me ped铆a que no tirara m谩s, que me iban a matar. Yo les dec铆a que no dej谩ramos de tirar, as铆 pod铆an terminar de escapar los dem谩s. ‘¿Y a ustedes qu茅 les importa si me matan?’, les respond铆a", recuerda el sanrafaelino.
El reconocimiento que tard贸 d茅cadas

Este lunes por la tarde, durante el acto “Malvinas, epopeya nacional: homenaje a los h茅roes de la gesta”, organizado por el Senado de la Naci贸n, Barroso recibi贸 un Diploma de Honor. Un reconocimiento que, admite, lleg贸 mucho despu茅s de lo que esperaba.



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
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“He esperado este momento durante muchos a帽os”, confiesa. “A veces pens茅 por qu茅 no me qued茅 esa noche en la Monta帽a Dos Hermanas (norte). Porque durante tantos a帽os hubo tantas injusticias y se nos trat贸 de ocultar. Lo que hicimos esa noche fue tremendo. Nos dejaron solos”, piensa en voz alta.

Y, con serenidad y tristeza, agrega: “Yo me qued茅 ah铆 por culpa m铆a, desobedeciendo 贸rdenes. Pero quer铆a ayudar a los dem谩s. Para eso fui a pelear yo all谩”.
Los d铆as previos: la guerra antes de la guerra

En abril de 1982, Barroso era integrante del Regimiento de Infanter铆a 6. Hab铆a completado el servicio militar en Tupungato y continu贸 la carrera entre 1978 y 1980.

Barroso y su regimiento llegaron a las islas del Atl谩ntico Sur el 13 de abril de 1982. Tras unos d铆as en unos b煤nkeres de la bah铆a, se dirigieron a Puerto Argentino -donde permanecieron cerca de 4 d铆as-, y de all铆 fueron movilizados a un cuartel cerca del arroyo Moody Brook.



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Todav铆a no hab铆a frentes de batalla abiertos -la guerra propiamente dicha comenz贸 el 1 de mayo de 1982-, pero en una de las expediciones, la agrupaci贸n que integraba Barroso encontr贸 unas carpas que correspond铆an a las tropas brit谩nicas.

El comienzo de la guerra era inminente, por lo que Barroso y los integrantes del Regimiento de Infanter铆a 6 fueron movilizados a la zona de los montes Dos Hermanas y Longdon. Hasta que, un d铆a, comenz贸 la guerra,

“Todas las noches era lo mismo. A las nueve y media empezaba el 'baile de la artiller铆a'”, dice. En los pozos de zorro del llano lidiaban con barro, agua, humedad y fr铆o. En la monta帽a, buscaban huecos naturales para protegerse.



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La noche del 11 al 12 de junio se volvi贸 un punto de quiebre. “Sent铆amos el olor a p贸lvora insoportable, te hac铆a picar la nariz. Yo quer铆a que me autorizaran a tirar, porque sab铆amos que al amanecer ya no 铆bamos a estar ah铆”, recuerda. “Esa fue la noche m谩s brava”.
Cese el fuego, amistad inesperada y regreso silencioso

Tras el cese el fuego del 14 de junio, Barroso fue tomado prisionero por una secci贸n brit谩nica. All铆 comenz贸 otra historia inesperada: la del v铆nculo con el soldado ingl茅s que deb铆a capturarlo.

“Tenemos contacto hasta hoy. Hacemos videollamadas”, cuenta.

El 20 de junio lleg贸 al continente. Pero lo que lo marc贸 fue la decisi贸n militar de ocultar a los combatientes.



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
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“Lo peor que hicieron fue ocultarnos. Si la gente nos hubiese visto llenos de turba, holl铆n y grasa, hubiesen tenido otra conciencia de la guerra”, reflexiona. “Nos subieron a colectivos, nos cerraron las cortinas y no nos dejaron abrirlas para que la gente que estaba afuera de los cuarteles no nos viera. Era como si volvi茅ramos de haber ido a pescar unos d铆as”, resume.

A partir de entonces, su salud comenz贸 a pasar factura. Un dolor de cabeza persistente lo llev贸 al Hospital Militar y, en 1983, a un diagn贸stico psiqui谩trico que culmin贸 con su retiro.



Malvinas: "Me ordenaron que abandone a mis compa帽eros y me salvara; yo desobedec铆 y se salvaron 100 personas"
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“En 1984 me pasaron a retiro. Siempre digo que me retiraron por no haber obedecido 贸rdenes y por no haber dejado morir a mis compa帽eros”, sentencia-
Una vida de trabajo duro y las verdaderas medallas

De regreso en San Rafael, Barroso -quien, casualmente (o no) vive en el distrito Islas Malvinas- nunca pudo encontrar un empleo estable.

Trabaj贸 “un poco de todo”: changas rurales, pesqueras en Puerto Madryn, pintura de autos. “No he hecho peluquer铆a porque no s茅 usar las manos, lo dem谩s s铆”, ironiza.



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Con la pensi贸n nacional, su situaci贸n mejor贸. Hoy disfruta de sus 12 nietos, pero la emoci贸n lo quiebra cuando recuerda a su hija mayor, que ten铆a seis meses cuando fue enviado a la guerra.

“Una se帽ora me pregunt贸 si yo no pens茅 en mi hija cuando me fui a Malvinas. Le dije: ‘Si hubiese pensado en mi hija, no hubiese hecho lo que hice. No pens茅 en nadie m谩s que en mis compa帽eros’”, dice, antes de quedar en silencio por un llanto que lo ahoga.



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Para Barroso, las medallas condecorativas que suelen llevarse colgadas en un saco no son m谩s que chapa que se oxida.

"Los soldados que me ven como un hermano, que vienen a visitarme a casa y nos abrazamos sin conocernos; esas son las medallas que me llevo, del lado de adentro del pecho. Ese cari帽o, ese abrazo, cosas que voy a llevar hasta el d铆a en que me vaya", cierra.

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